459 Stephen Krashen (1): Saber gramática no basta para hablar español

Episodio 459
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En este episodio:

¿Por qué puedes conocer muchas reglas de español y, aun así, quedarte bloqueado cuando intentas hablar? Hoy empezamos a descubrir algunas de las ideas de Stephen Krashen para entenderlo.

En la segunda parte, Diego intentará hablar un español gramaticalmente perfecto. El problema es que tarda tanto en responder que casi no consigue ni pedir un café.

¡Hola! ¿Cómo estás? Soy Óscar. Gracias por acompañarme una semana más.

Consigue el texto del episodio en la sección del pódcast en unlimitedspanish.com.

Hoy quiero empezar con una situación que quizá conozcas.

Has estudiado una regla de gramática. La entiendes perfectamente. Incluso podrías explicársela a otra persona.

Pero llega el momento de hablar, abres la boca y…

Nada.

O empiezas a pensar:

—Un momento. ¿Aquí necesito pasado? ¿Pretérito perfecto o imperfecto? ¿Esta palabra es masculina o femenina? ¿Qué preposición tengo que usar?

Y mientras tú organizas mentalmente toda la gramática española, la otra persona sigue esperando.

Quizá incluso ha envejecido un poco.

¿Cómo es posible saber una regla y, aun así, no poder usarla con naturalidad?

Esta pregunta nos lleva a Stephen Krashen.

Krashen es un lingüista estadounidense muy conocido por sus ideas sobre la adquisición de segundas lenguas. Sus propuestas han tenido muchísima influencia, aunque también se han discutido y matizado a lo largo de los años.

Durante este episodio y los dos siguientes quiero explicarte algunas de sus ideas de forma sencilla y, sobre todo, práctica.

Empecemos con una distinción importante.

Según Krashen, aprender un idioma y adquirirlo no son exactamente lo mismo.

Cuando aprendes conscientemente, estudias información sobre el idioma. Por ejemplo:

—Primera persona singular del pretérito del verbo ir es fui.

Puedes memorizarlo, hacer un ejercicio y responder correctamente en un examen. Eso es conocimiento consciente.

Pero imagina ahora que alguien te pregunta:

—¿Qué hiciste ayer?

Y tú respondes inmediatamente:

—Fui al supermercado.

No has pensado: «Primera persona singular del pretérito del verbo ir…». Simplemente lo has dicho.

Para Krashen, eso se parece mucho más a la adquisición. Has encontrado esa estructura tantas veces en mensajes que entiendes que tu cerebro empieza a utilizarla sin necesidad de analizarla.

Y aquí aparece una idea muy interesante: puedes saber mucho sobre español y, aun así, tener dificultades para usar el español.

Es un poco como saber perfectamente cómo funciona una bicicleta sin haber montado nunca en una. Puedes explicar los pedales, el equilibrio, los frenos…

Eso está muy bien, pero… Ahora súbete.

Ahí descubrimos si sabes montar en bicicleta.

Con un idioma pasa algo parecido.

¿Significa eso que estudiar gramática no sirve absolutamente para nada?

No.

Puede ser útil para consultar una duda, entender mejor algo que has visto muchas veces o revisar un texto. Pero Krashen le da a ese conocimiento consciente una función bastante concreta.

Y aquí llegamos a su famosa hipótesis del monitor.

No, no hablo de la pantalla de tu computadora.

El monitor sería una especie de corrector mental. Tú produces una frase y, antes de dejarla salir tranquilamente, aparece una vocecita que dice:

—Espera, espera. Vamos a comprobar esto.

Para utilizar ese monitor necesitas, según Krashen, varias cosas: tiempo para pensar, atención a la forma en que estás hablando y, además, conocer la regla que quieres aplicar.

El problema es que una conversación normal no suele darte demasiado tiempo para todo eso.

Alguien te pregunta:

—¿Qué hiciste el fin de semana?

Y tú no puedes responder:

—Un momento, por favor. Necesito revisar unas conjugaciones.

Bueno, puedes.

Pero posiblemente esa persona no vuelva a preguntarte nada.

Cuando intentamos controlar cada palabra y cada terminación mientras hablamos, la conversación puede volverse muy lenta. Y creo que muchos estudiantes conocen perfectamente esa sensación.

Quieres decir algo sencillo, pero antes de decirlo pasas la frase por una especie de control de seguridad:

—¿Verbo correcto? Sí. ¿Género correcto? Creo que sí. ¿Preposición? Un momento…

Y cuando por fin has terminado de comprobarlo todo, casi has olvidado lo que querías decir.

Por eso, cuando hablamos de ganar fluidez, buscamos otra cosa. Queremos que cada vez más estructuras aparezcan de forma automática porque las has escuchado y entendido muchísimas veces en contexto.

Eso no significa hablar sin cometer errores. Significa que tu atención puede estar principalmente en algo mucho más interesante: lo que quieres decir.

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Punto de vista

Muy bien. Vamos con un punto de vista. Diego conoce muchas reglas, pero se ha propuesto no pronunciar una frase hasta estar seguro de que es perfecta. ¿Qué podría salir mal?

Escucharás casi la misma historia dos veces: primero sobre Diego y luego desde su propia perspectiva.

Fíjate en los cambios de persona, sin detenerte a analizar cada regla.

Primero, en pasado y en tercera persona.

Diego había estudiado español durante varios años y conocía muchas reglas de gramática. Un día decidió que quería hablar perfectamente: no quería cometer ni un solo error. Por eso, antes de decir cualquier frase, revisaba mentalmente todas las reglas que conocía.

Aquella mañana Diego entró en una cafetería. El camarero se acercó y le preguntó:

—¿Qué quieres tomar?

Diego quería pedir un café con leche, pero antes de responder empezó a pensar:

—¿Café es masculino? Sí. ¿Con necesita alguna preposición especial? No, con ya es una preposición. ¿Debo decir quiero o querría? ¿Y necesito un artículo?

El camarero esperó mientras Diego seguía pensando. Dos minutos después Diego dijo:

—Yo…

Entonces Diego se detuvo. Quería comprobar si realmente necesitaba decir el pronombre yo.

El camarero volvió a esperar.

Finalmente, cinco minutos después, Diego consiguió decir:

—Querría un café con leche, por favor.

El camarero lo miró y respondió:

—Perfecto. Pero la cafetería ya está cerrando.

Diego se preocupó. Quizá había utilizado demasiado el monitor.

Al día siguiente Diego volvió a la misma cafetería, pero esta vez tomó una decisión diferente. Cuando el camarero le preguntó qué quería, Diego no revisó ninguna regla. Simplemente respondió:

—Un café con leche, por favor.

Diego tardó tres segundos y el café llegó dos minutos después.

Diego sonrió. Había cometido cero errores, pero lo más importante era otra cosa:

Por fin había conseguido beber el café.

Muy bien. Esta ha sido la historia en tercera persona y en pasado. Ahora escucharás prácticamente lo mismo desde la perspectiva de Diego. También estamos en pasado.

Fíjate especialmente en los cambios de persona.

Yo había estudiado español durante varios años y conocía muchas reglas de gramática. Un día decidí que quería hablar perfectamente: no quería cometer ni un solo error. Por eso, antes de decir cualquier frase, revisaba mentalmente todas las reglas que conocía.

Aquella mañana yo entré en una cafetería. El camarero se acercó y me preguntó:

—¿Qué quieres tomar?

Yo quería pedir un café con leche, pero antes de responder empecé a pensar:

—¿Café es masculino? Sí. ¿Con necesita alguna preposición especial? No, con ya es una preposición. ¿Debo decir quiero o querría? ¿Y necesito un artículo?

El camarero esperó mientras yo seguía pensando. Dos minutos después yo dije:

—Yo…

Entonces yo me detuve. Quería comprobar si realmente necesitaba decir el pronombre yo.

El camarero volvió a esperar.

Finalmente, cinco minutos después, yo conseguí decir:

—Querría un café con leche, por favor.

El camarero me miró y respondió:

—Perfecto. Pero la cafetería ya está cerrando.

Yo me preocupé. Quizá había utilizado demasiado el monitor.

Al día siguiente yo volví a la misma cafetería, pero esta vez tomé una decisión diferente. Cuando el camarero me preguntó qué quería, yo no revisé ninguna regla. Simplemente respondí:

—Un café con leche, por favor.

Yo tardé tres segundos y el café llegó dos minutos después.

Yo sonreí. Había cometido cero errores, pero lo más importante era otra cosa:

Por fin había conseguido beber el café.

Muy bien. Este es el final del punto de vista.

En el próximo episodio seguiremos con Krashen y entraremos de lleno en el input comprensible. Pero, de momento, quédate con esto: escucha mucho, entiende mucho y no te castigues por no pensar en cada regla.

Nada más por hoy. ¡Cuídate y hasta la próxima!

Óscar Pellus

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