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Orden recomendado: escucha una vez, luego lee mientras escuchas y, por último, vuelve a escuchar sin el texto.
En este episodio:
¿Hay palabras en español que sabes perfectamente… pero tu boca se niega a pronunciar? Hoy practicaremos algunas de las más difíciles.
Después, Joe intentará eliminar su acento con métodos cada vez más extraños.
¡Hola! ¿Cómo estás? Soy Óscar. Gracias por acompañarme una semana más.
Consigue el texto del episodio en la sección del pódcast en unlimitedspanish.com.
Hay una palabra española que ha hecho sufrir a generaciones y generaciones de estudiantes.
Perro.
Parece inocente, ¿verdad?
Cinco letras. Dos sílabas.
Pero entonces aparece esa doble erre y empiezan los problemas.
Quizás puedes pronunciarla perfectamente. O quizás dices algo parecido a pero y piensas: “Bueno, casi”.
Sí… casi.
Pero un perro y un pero no son exactamente lo mismo.
Hoy quiero practicar contigo algunos sonidos y palabras que suelen ser difíciles de pronunciar en español. No vamos a hacer una clase técnica de fonética. Tranquilo. Simplemente vamos a escuchar, comparar y repetir algunas palabras.
Empezamos con la famosa erre fuerte.
Escucha:
Perro, carro, ferrocarril
A algunos estudiantes este sonido les sale de forma bastante natural. A otros… absolutamente no.
Y cuanto más intentan hacer vibrar la lengua, menos vibra.
Vamos a probar una frase:
—El perro subió al carro porque no le gustaba el ferrocarril.
Bonita frase para practicar, aunque no sé muy bien qué problema tiene ese perro con los trenes.
Ahora escucha el contraste:
pero — perro
caro — carro
Aquí se nota claramente la diferencia entre una erre suave y una erre fuerte.
Para la erre suave solo necesitas un toque rápido de la lengua.
Por ejemplo:
—María mira al loro.
No necesitas exagerarla. De hecho, si exageras todas las erres, puedes acabar sonando como un actor de una película antigua.
Pasemos a otro sonido interesante: la jota.
Escucha:
Jamón, José, jugar, trabajo
Es un sonido que hacemos bastante atrás en la boca, cerca de la garganta.
Pero aquí hay algo importante: no en todos los lugares se pronuncia la jota exactamente igual. En algunos sitios suena más fuerte y en otros, mucho más suave.
Así que no necesitas atacar cada jota como si estuvieras enfadado con ella.
Prueba esta frase:
—José juega después del trabajo mientras come jamón.
Bueno, quizá comer jamón mientras juegas no sea la mejor idea, pero para practicar la jota nos sirve.
Otro sonido muy característico del español es la ñ.
Niño, España, señor, bañarse.
Si este sonido no existe en tu idioma, al principio puede resultar extraño. Pero seguramente has escuchado palabras como España tantas veces que este sonido ya te resulta familiar.
Probemos:
—El niño quiere bañarse antes de viajar a España.
¿Lo notas?
Niño. Bañarse. España.
Y ahora llegamos a otro tipo de dificultad.
No es un sonido concreto.
Son las palabras que parecen no terminar nunca.
Por ejemplo:
desafortunadamente
inmediatamente
estadounidense
aproximadamente
Cuando ves una palabra así por primera vez puedes pensar:
“¿Tengo que pronunciar todo eso?”
Sí.
Todo.
Pero no hace falta correr. Puedes dividir la palabra mentalmente en partes y mantener un ritmo regular.
Escucha:
de-sa-for-tu-na-da-men-te.
Ahora:
es-ta-dou-ni-den-se.
Y una frase:
—Desafortunadamente, necesito hablar inmediatamente con el estadounidense.
Eso ya empieza a parecer un entrenamiento para la lengua.
Pero quiero decirte algo importante.
No necesitas sonar exactamente como un nativo.
Un acento extranjero no es un error.
Lo importante es que los demás te entiendan y que tú puedas hablar con confianza. Si además quieres mejorar ciertos sonidos, perfecto. Puedes hacerlo poco a poco, escuchando mucho y repitiendo.
Y, por cierto, quizás haya alguna palabra española que siempre se te resista.
¿Ferrocarril?
¿Desafortunadamente?
¿Alguna completamente diferente?
Seguro que tienes alguna.
Pero una cosa es querer mejorar tu pronunciación… y otra muy distinta obsesionarte con eliminar completamente tu acento.
Y eso es exactamente lo que le pasa a Joe.
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Punto de vista
Muy bien. Ahora vamos con un punto de vista.
Escucharás la historia de Joe dos veces: primero desde fuera y después con Paquita hablándole directamente.
Fíjate especialmente en los cambios de persona.
Empecemos.
Primero, en pasado y en tercera persona.
Joe quería hablar español como un nativo. No le bastaba con hablar bien. Quería una pronunciación perfecta. Una entonación perfecta. Sin embargo, tenía un fuerte acento del sur de Estados Unidos.
Así que decidió probar métodos cada vez más extraños para eliminarlo.
Primero empezó con los trabalenguas. Pero no una o dos veces. Joe los repetía cada vez más rápido delante del espejo.
Después de una hora, ya no sabía si estaba practicando español o probando la acústica de la habitación con toda clase de sonidos.
Como aquello no funcionó, decidió hablar al revés. Estaba convencido de que así entrenaría la lengua.
Pasó horas pronunciando palabras al revés frente al espejo.
Su pronunciación no mejoró.
Lo que sí consiguió fue un buen dolor de cabeza.
Entonces tuvo una última idea: imitar las voces de dibujos animados en español.
Pasó varios días viendo dibujos animados y copiando exactamente las voces de los personajes.
El problema fue que empezó a hablar así también fuera de casa.
En el supermercado.
En la cafetería.
Incluso cuando preguntaba por el baño.
Al final, Joe tuvo que aceptar una cosa: probablemente nunca sonaría exactamente como un nativo.
Un día estaba tomando café en un bar y dijo en voz baja:
—Nunca voy a sonar como un nativo.
Una chica sentada a su lado lo escuchó. Se llamaba Paquita.
Paquita sonrió y empezó a hablar con él. Al cabo de un rato le dijo algo que Joe no esperaba: le encantaba su acento sureño cuando hablaba español.
Empezaron a verse.
Luego empezaron a salir juntos.
Más tarde se casaron.
Y tuvieron cinco hijos.
Joe aprendió algo importante: el acento que tanto había intentado eliminar era precisamente una de las cosas que más le gustaban a Paquita.
Muy bien. Esta ha sido la historia en tercera persona.
Ahora escucharás prácticamente lo mismo, también en pasado, pero esta vez Paquita le habla directamente a Joe.
Fíjate especialmente en los cambios de persona.
Tú querías hablar español como un nativo. No te bastaba con hablar bien. Querías una pronunciación perfecta. Una entonación perfecta. Sin embargo, tenías un fuerte acento del sur de Estados Unidos.
Así que decidiste probar métodos cada vez más extraños para eliminarlo.
Primero empezaste con los trabalenguas. Pero no una o dos veces. Los repetías cada vez más rápido delante del espejo.
Después de una hora, ya no sabías si estabas practicando español o probando la acústica de la habitación con toda clase de sonidos.
Como aquello no funcionó, decidiste hablar al revés. Estabas convencido de que así entrenarías la lengua.
Pasaste horas pronunciando palabras al revés frente al espejo.
Tu pronunciación no mejoró.
Lo que sí conseguiste fue un buen dolor de cabeza.
Entonces tuviste una última idea: imitar las voces de dibujos animados en español.
Pasaste varios días viendo dibujos animados y copiando exactamente las voces de los personajes.
El problema fue que empezaste a hablar así también fuera de casa.
En el supermercado.
En la cafetería.
Incluso cuando preguntabas por el baño.
Al final, tuviste que aceptar una cosa: probablemente nunca sonarías exactamente como un nativo.
Un día estabas tomando café en un bar y dijiste en voz baja:
—Nunca voy a sonar como un nativo.
Yo estaba sentada a tu lado y te escuché.
Sonreí y empecé a hablar contigo. Al cabo de un rato te dije algo que no esperabas: me encantaba tu acento sureño cuando hablabas español.
Empezamos a vernos.
Luego empezamos a salir juntos.
Más tarde nos casamos.
Y tuvimos cinco hijos.
Aprendiste algo importante: el acento que tanto habías intentado eliminar era precisamente una de las cosas que más me gustaban de ti.
Muy bien. Este es el final del punto de vista.
Joe pasó horas con trabalenguas, palabras al revés y voces de dibujos animados intentando eliminar su acento.
Y al final descubrió que precisamente ese acento era una de las cosas que más le gustaban a Paquita.
Bueno… y acabaron teniendo cinco hijos.
Quizás debería haber practicado un poco menos.
Fíjate en algunos de los cambios:
Joe quería → tú querías
decidió → decidiste
tuvo que aceptar → tuviste que aceptar
Paquita le dijo → te dije
Como ves, la historia es prácticamente la misma, pero cambia la persona desde la que la contamos. Así puedes aprender muy rápidamente.
Y recuerda: mejorar tu pronunciación está muy bien, pero no necesitas eliminar tu acento para hablar un buen español.
Si quieres seguir practicando conmigo con historias y puntos de vista como este, encontrarás mis cursos completos en unlimitedspanish.com.
Nada más por hoy. ¡Cuídate y hasta la próxima!
Óscar Pellus
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